Historia ambiental

Las características ambientales generales de la Puna pueden resumirse como propias de un ambiente desértico con intensa radiación solar debida a la altitud (3400-4500 msnm); gran amplitud térmica diurna/nocturna mayor a la estacional; marcada estacionalidad con precipitaciones estivales pobres( menores a 350 mm anuales); baja presión atmosférica; irregular distribución de recursos para el aprovechamiento humano, que suelen estar concentrados en sectores hídricos estables (fondos de cuencas y quebradas altas) y vegas; y una pobre red hidrográfica

endorreica caracterizada por pocos cursos superficiales permanentes, la presencia de salares y unas pocas lagunas con fuertes regímenes estacionales.
En relación con la vegetación en particular se caracteriza a la Provincia Puneña por la presencia de vegetación xerofítica con tres tipos de formaciones vegetales: las vegas, los tolares y los pajonales. Las primeras están compuestas por pastos tiernos, son azonales y tienen la máxima cobertura de la región.

Las vegas en “cojin” o de “montículos” (frecuentemente denominadas bofedales en Perú y Bolivia) están dominadas por Juncáceas como Oxycloe sp., Patosia sp. y Distichia muscoides y están ubicadas por encima de los 4300 m; b) las vinculadas a pequeños cuerpos de agua que usualmente contienen Potamogeton sp., Myriophillum quitense y Ranunculus sp. que crecen en agua ricas en materia orgánica; y c) las vegas de estepa Andina formadas básicamente por Poaceas como Deschapsia sp.; Deyeuxia sp., por Cyperaceae como Carex spp. y Eleocharis sp. están ubicadas hasta los 3900 m. Los tolares, usualmente localizados entre los 3.600 y los 4.200 msnm, conforman estepas arbustivas de tola (Parastrephia lepidophylla), tolilla o checal (Fabiana densa) y variedades de poaceas como Festuca ortophylla.

En términos generales, las condiciones pleistocénicas en la puna argentina comparten entornos marcadamente fríos y húmedos observados en la región, que permitieron el desarrollo de una estepa graminosa en altitudes mucho menores a las observadas en la actualidad, es decir, a partir de 3800 metros sobre el nivel del mar. El pulso final del avance glaciario en la región se registró entre los 14.000 y 12.000 años antes del presente (AP), mientras que la finalización de dicho período está datada entre 11.000 y 10.000 AP.

La evidencia paleoambiental de la Puna provista por análisis polínicos, el estudio de los núcleos de hielo de los glaciares de alta montaña y las fluctuaciones de los niveles de lagos altiplánicos coinciden en sugerir para el Holoceno Temprano (el momento entre 10,000 y 8500 AP que incluye el primer poblamiento humano de la región), en general, condiciones más frías y húmedas que en la actualidad a lo largo de todo el período debido a un mayor caudal de precipitaciones y a una estacionalidad débil en las mismas. En este período había grandes lagos hoy desaparecidos o convertidos en salares, como el Lago Poopó en Bolivia.

Finalmente, los pajonales ubicados entre los 4.200 y 5.000 msnm aproximadamente son una estepa graminosa dominada por Festuca ortophylla, Festuca chrysophyla (iros), Poa gymnantha y otros pastos cespitosos. De las tres formaciones antes caracterizadas, las vegas representan el sector con la densidad más alta de productividad primaria en el ecosistema de la Puna y, consecuentemente, concentran las mayores ofertas energéticas del paisaje para la biomasa animal, particularmente los camélidos silvestres, guanacos (Lama guanicoe) y vicuñas (Vicugna vicugna) y una fauna específica de aves y roedores.

La tendencia ambiental general del Holoceno Medio (8500- 3700 AP) está actualmente sujeta a discusiones, aunque parece indicar un gradiente de aumento de temperaturas y sequedad a escala hemisférica. En la Puna se caracteriza por una fuerte variabilidad en cuanto a la disponibilidad de humedad y de recursos en una escala local como parecen sugerir las investigaciones que se llevan a cabo en diferentes localidades andinas. Si bien esta variación es aún poco conocida en el plano regional, la evidencia permite plantear que a pesar de esta desertización y posible aumento de temperaturas, ciertas localidades particulares permanecieron disponibles para la ocupación y explotación por los grupos humanos.

El pico de sequedad parece estar comprendido entre los 6100 y 5500 AP. Más tarde se inicia un aumento de la humedad que estudios polínicos registran claramente entre los 3700 y 2000 años AP, donde se reconoce una mayor cobertura de vegetación altoandina y puneña. Para este momento también se aprecian los primeros impactos humanos sobre el ambiente producto de la agricultura y el uso de los campos para pastoreo de camélidos domesticados.

El ambiente actual se forma hace unos 1600 años atrás, o sea en 400 DC, y es más seco que el período anterior. La información disponible muestra que entre los años 600 y 1580 DC el clima fue seco. Particularmente el período denominado Anomalía Climática Medieval registrado entre los 800 y 1200 DC fue particularmente seco y se piensa que afectó profundamente el desarrollo cultural andino. Se le atribuye, por ejemplo, la desarticulación del estado Tiwanaku después del 1000 DC al verse afectada gravemente su producción agrícola. En el caso de la puna argentina el momento más seco de los últimos 1200 años se registró hacia 1380 DC. Este momento de grandes sequías se correlaciona con importantes cambios en las sociedades que habitaron las Puna y quebrada de Humahuaca: aparecen los pucarás o grandes asentamientos urbanos localizados en superficies amplias de la cumbre de cerros o terrazas de altura, algunos con murallas perimetrales construidas con fines defensivos y aumentan los indicadores de violencia personal; algunos de estos asentamientos se abandonaron luego de la conquista española de la región que comenzó en 1536 DC.

Desde el siglo XVI hasta la actualidad el clima es un poco más húmedo que el momento anterior, aunque también como había sucedido anteriormente, el período estuvo signado por las fluctuaciones climáticas que afectaron el ambiente. Estas fluctuaciones podrían estar vinculadas a la gran frecuencia de eventos El Niño de carácter severo (es decir, de fuerte impacto) que se produjeron durante este siglo. Particularmente, hubo un momento seco entre 1700 y 1880 del cual hay registros históricos. El decenio entre 1780 y 1790 fue particularmente seco y afectó la producción agrícola de modo terminante. Además, los inviernos eran muy fríos con heladas precoces y granizos. El año 1789/90 fue especialmente calamitoso como lo destaca el testimonio del fraile Francisco de Tamajuncosa quién relata que hubo “…un hambre horrible en toda la cordillera (…) por la suma escasez de aguas…[y que el ganado]…se moría en el campo por falta de pastos”.

Los últimos 120 años en la región han sido extremadamente fluctuantes, alternándose años húmedos con años secos, aunque éstos últimos predominan; asimismo se verifica durante este período un aumento de fenómenos El Niño muy severos comparados a los siglos anteriores. Las sequías son recurrentes y pueden estimarse períodos secos como la década de 1990 cuyos graves efectos se sintieron en 1996 causando gran mortandad de llamas y caprinos y pérdida de cosechas. Sin embargo, el problema de la desertización en la Puna no es sólo un problema climático, sino que el impacto causado por la introducción de animales exóticos a partir de la conquista española de la región, como cabras, ovejas, burros y vacas ha contribuido en gran medida al empobrecimiento de las pasturas y a la destrucción ambiental.

 
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