La gente de la Puna y los camélidos

hiwasaha uywa uywataña uka uywaha hiwasaru yusitu
(en aymara: nosotros los criamos a ellos y ellos nos crían a nosotros)

La Puna, a pesar de las duras condiciones ambientales que se han descripto, tiene evidencias de ocupaciones humanas desde hace 12000 años y como se explicó anteriormente, los camélidos sudamericanos silvestres fueron el sustento inicial de estas poblaciones. De cazadores, los habitantes puneños, pasaron a ser agricultores de maíz y pastores cuando domesticaron camélidos. Autores como Olivera y Elkin (1994) sostienen que esta domesticación ocurrió en varios lugares puneños simultáneamente, entre ellos la Puna de Atacama (Zona de Antofagasta de la Sierra, Catamarca).

No es extraña esta estrecha relación entre las culturas pre-hispánicas y los camélidos, que también se da entre las culturas árabes y los camellos. De hecho, los pueblos nómades de Africa deben toda su organización social a su estrecha relación con los dromedarios.

Nuestros pueblos prehispánicos del NOA, desde la Cultura Ciénaga del Período Temprano (aprox. 200 d.c.), hasta su dominio por el imperio incaico (1480) estuvieron siempre asociados a la presencia de camélidos (Rex Gonzalez y Perez 1976). En particular la Cultura Ciénaga tenía obras de irrigación, plantaban maíz y criaban llamas. La cultura Condorhuasi sacrificaba llamas en las ceremonias fúnebres por lo que se le asigna un alto valor ritual a la especie. En el Período Medio, se encuentra la Cultura La Aguada. En esta,  el animal de culto era el felino y en las decoraciones de su cerámica su presencia es casi permanente (los "leones" o pumas americanos Felis concolor están en riesgo de extinción en la Puna, en la actualidad). En la mayoría de los enterratorios aguadenses, se encuentran también piezas con formas de llamas y ajuares con telas de vicuña. Durante el Período Tardío, desde los 850 hasta la conquista incaica, la cultura Belén (Diaguita) envolvía a los cadáveres con textiles de alta calidad de fibra de llama. Otro grupo de Diaguitas, la Cultura Santamaría, tenía grandes grupos poblacionales, agricultura intensiva con irrigación y terrazas, cría de llamas y caza de camélidos silvestres. Es notable que un grupo de ellos, los Calchaquíes, se defenderían muy agresivamente de los españoles, demorando su conquista en mas de 100 años (Rex Pastor y Perez 1976). Habitaban centro semiurbanos grandes como Loma Rica, rodeada de terrazas y con aproximadamente 1500 habitantes (La actual Antofagasta de la Sierra, el pueblo más importante en la Puna Catamarqueña, tiene aprox. 500 habitantes).

El manejo ambiental preconquista fue sumamente sostenido y mantenía a una población mucho más numerosa que la actual (mas de 100.000 personas según Rex Pastor y Perez 1976).
Desde la religiosidad, se veneraba a la madre tierra (Pachamama), al sol, al arco iris, generando entonces reglas de utilización del entorno natural a través de las creencias y la observación empírica de la naturaleza (Brailovsky 1996).
Acá hay que tener cuidado de no optar por las teorías del "buen salvaje" en el cual todo manejo preconquista fue solidario con la naturaleza, dado que aunque quisieran los pueblos americanos carecían de armas eficientes de destrucción como los arcabuces. Pero tampoco podemos desconocer  a los aymaras cuando dicen: "La tierra es siempre motivo de respeto. Por eso no se puede roturar o ni siquiera pisar así nomás... la tierra es el nido de la vida. Por eso la hacemos descansar de tres hasta siete años" (Van den Berg 1989 citado en Mires, 1990).

Esencialmente agricultores, los pueblos antiguos domesticaron numerosos vegetales obteniendo el maíz, la papa, los porotos, el algodón, la calabaza,  el maní, el girasol, la quinoa, el tomate, la palta y el sauco entre otros.

En el NOA eran comunes las técnicas para aprovechar el rocío para riego. Según Brailovsky (1996) aún antes de la dominación incaica existían técnicas de riego complejas en nuestro país. Tanto es así que cuando funcionaban permitían la producción en zonas que actualmente son estériles.  Donde se expandía el imperio incaico, llevaba técnicas que permitían una intensificación de la producción. No sólo se extendía en forma de ingeniería hidráulica, sino también en forma de fertilización química con abonos de guano (excrementos de aves marinas), restos de pescado, excrementos animales y humanos, y también  variabilidad en las producciones en función de microclimas locales. Esta sumatoria de modificaciones ambientales por parte de la sociedad incaica, lograba que su área de influencia alimentara a una población de miles de personas. Esas mismas tierras, actualmente, apenas sostienen poblaciones marginales.

La descripción en tiempos de la conquista, de zonas donde ahora todo está reseco, nos resultan sumamente interesantes:
Diego Fernandez de Palencia (...)  "Esta gran provincia de tierra muy poblada... y de sus pueblos situados a media legua unos de otros... los que impresionan a los españoles por las casas grandes y redondas bien ordenadas... de ochocientas a mil casas... alrededor de las viviendas había patos y avestruces mansos, algo mas alejadas estaban las chacras de maíz o corrales de ovejas como las del Perú (es decir, llamas y alpacas)...".

Las llamas eran sumamente importantes en la época incaica y un símbolo de la realeza era una llama blanca, con adornos denominada "napa". A ésta  se la adornaba con collares de conchillas rojas del Pacífico, aros de oro y unas mantas muy trabajadas sobre el lomo. Esta llama reina iba siempre adelante del Inca. En las cuatro fiestas más importantes del incanato (solsticios y equinoccios) se sacrificaban muchas llamas blancas. Los incas tenían un manejo de los animales donde eran separados por edades y colores. Tenían llamas de excelente calidad manejadas por los nobles y contabilizadas en los "quipus". Cuando miraban el cielo, los incas tenían tres constelaciones que tenían que ver con las llamas: la "Urcu-chillay" "Cato-chillay" y "Uña-chillay" que son las llamas machos, hembras y crías respectivamente (las actuales constelaciones de Lira y del Cisne) (Fauna Argentina, 1985).

Todo el transporte en el imperio incaico se hacia con llamas y los límites del imperio incaico coinciden con los límites ecológicos de las llamas (Franklin 1982).  La distribución de las llamas llegaba hasta el nivel del mar en el Pacifico, hacia el norte hasta Colombia y Ecuador y hacia el sur llegaban hasta el centro de Chile y Argentina. No nos debería sorprender mucho esta distribución tan amplia, ya que las llamas se derivan de los guanacos y estos son animales que se adaptan a una gran variabilidad de ambientes. Las llamas eran muy importantes en términos militares para el transporte. Los incas eran muy guerreros. También los españoles usaron llamas en la conquista: Pizarro entró al Cuzco con 25.000 llamas llevando pertrechos de guerra.

Las alpacas eran criadas para obtener fibra y carne y ocupaban un rango de distribución mas acotado.
La importancia de los camélidos domésticos en esa época queda bien documentada en la siguiente crónica:

Crónica española de 1653

Creó Dios las llamas de estas zonas frias para el bien de los moradores dellas, que sin este ganado pasaran la vida con gran dificultad, por ser tierras muy estériles, adonde no se coge algodón de que vestirse, como en las tierras calientes, y haberlo de comprar de afuera para tanta gente, fuera imposible, ni hacen arboles frutales y
legumbres sino muy pocas. por lo cual el dador de todos los bienes Dios Nuestro Senyor, recompenso la esterilidad de las Punas y paramos inhabitables de dichas sierras, con criar en ellas tanta cantidad de este ganado manso, que no tenia cuenta ni suma lo mucho que por todas partes habia antiguamente, el cual era toda riqueza de todos los indios serranos, porque se vestian de su lana y de sus pieles hacian el calzado, de manera que no traian sobre sus cuerpos mas que lo que sacaban de las llamas, sustentándose de su carne y servianle de jumentos para llevar y traer sus cargas en los trajines y acarreos. Con la carne y ropa que dellos hacian, compraban y rescataban lo que les faltaba de los valles y tierras calientes como el aji, pescado, maiz, coca y fruta y lo demas que habian menestar. Porque en tales tierras yungas carecian sus moradores de carne por no nacer en ellas este ganado, ni otro manso con que suplir esta falta hasta que se trajeron los ganados de España de que en todas partes hay ahora en grande abundancia.

Sacerdota Bernabé Cobo (Historia del Nuevo Mundo, 1653)


La utilización de las vicuñas también tenía reglas de manejo muy acotadas. Con la fibra de vicuña se tejían telas livianas llamadas kumpi  que eran usadas por la realeza incaica y cuya confección y cuidado estaba a cargo de las "vírgenes del sol".  Antes de la dominación española había aproximadamente 3 millones de vicuñas. Con la llegada del español, comienza la caza indiscriminada con armas de fuego. Esto se documenta bien en una crónica de Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales de los Incas:

Crónica de Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales de los Incas (1658)

"El numero de venados, corzos y gamos y del ganado mayor que llaman huanacu, que es de lana basta, y de otro que llaman vicuña que es de menor cuerpo y de lana finísima, era muy grande, que muchas veces, y según que las tierras eran unas mas de caza que otras, pasaban de veinte, treinta y cuarenta mil cabezas, cosa hermosa de ver y de mucho regocijo. Esto había entonces; ahora digan los presentes el numero de las que han escapado del estrago y desperdicio de los arcabuces, pues apenas se hallan ya huanacus y vicuñas, sino donde ellos no han podido llegar......

Los chakus se hacían en cada distrito, de cuatro en cuatro años, dejando pasar tres años de la una a la otra, porque dicen los indios que en este espacio de tiempo cría la lana de la vicuña todo lo que ha de criar, y no la querían trasquilar antes porque no perdiese de su ser, también lo hacían porque todo aquel ganado bravo tuviese tiempo de multiplicar y no anduviese tan asombrado como anduviera si cada año lo corrieran, con menos provecho de los indios y mas daño del ganado (....) Porque decían que se había de tratar el ganado bravo de manera que fuese tan de provecho como el  manso, que no lo había criado el Pachacamac o el sol para que fuese inútil.".

 
Impacto ambiental de la conquista

Ya hemos hecho varias menciones a la situación ambiental pre y postconquista. El investigador Crosby (1993) describe en su libro Ecological Imperialism, algunas particularidades desde el punto de vista ambiental de la expansión europea entre los años 900 a la actualidad. Por ejemplo, no duda en consignar un alto valor a las enfermedades humanas europeas que diezmaban a los indígenas sin resistencia a ellas. Los patógenos del viejo mundo, como la viruela podían matar al 80% de los niños menores de dos años de cualquiera de las colonias europeas. Inclusive se cree que el Inca Hayna Capac murió por viruela y que las guerras y conflictos por la sucesión allanaron la entrada de Pizarro (Bosch Gimpera 1975). Con períodos de incubación asintomáticos de entre 10 días y dos semanas, la velocidad de propagación viral es más rápida que las de los españoles  y Crosby sostiene que los microbios eran de alguna manera la vanguardia de los conquistadores debilitándoles previamente al enemigo, sobre todo teniendo en cuenta que las poblaciones precolombinas vivían en zonas de alta densidad poblacional. La viruela era la enfermedad más trágica, pero hubo muchas mas, entre ellas  la tos convulsa, las paperas, la gripe, malaria y parásitos.

Estas enfermedades tenían sus equivalencias en enfermedades del ganado introducido hacia con el ganado autóctono de América a quien diezmaba. Aún no esta claro, pero entre otras cosas, las momias del Yaral nos ayudarán a dilucidar si la sarna ya existía o si es otro de los legados de la conquista.

Los europeos venían con sus propios animales y semillas, aparte de otros animales que se colaban en el viaje, como la rata negra que generó tres epidemias en los primeros diez años post-conquista en el Cuzco.
Ahora, es importante analizar el cambio social generado por la dominación hispánica. El conquistador extraía metales y por lo tanto, las tareas  de agricultura y pastoriles fueron relegadas. Se desvalorizó completamente el ganado autóctono y esto se reflejó en la hibridización de camélidos y una 'degeneración" de las razas prehispánicas. Como los españoles pusieron a trabajar a los indios en las minas y muchos se enfermaban y morían, ya no había quien cuidara y mantuviera las reglas de manejo con las cuales criaban a los camélidos. Por otro lado, las llamas sólo eran usadas en caravanas para extraer el metal y transportarlo. Esto hizo que los rebaños se mezclaran, inclusive entre razas hibridizando y perdiéndose el cruzamiento selectivo de animales por parte de los pastores. También disminuyeron muchísimo los rebaños. Los documentos del siglo 16 hablan de la "desaparición" de las llamas.

Hubo un corrimiento de las distribuciones de los camélidos en forma altitudinal. Se despejó la tierra donde podían vivir vacas, cabras, caballos, ovejas y cerdos y sólo quedaron camélidos donde la altura genera problemas en el ganado exótico.

La fibra de vicuña mantuvo su gran valor y la caza de la que habla Garcilaso fue continua y sumada a la transmisión de enfermedades hizo que las vicuñas estuviesen en una situación critica. Tanto es así, que el libertador Simón Bolivar, quien al liberar países andinos viajaba mucho por zonas de vicuñas, se sorprendió del grado en el cual las vicuñas se iban haciendo más raras y dictó una de las primeras leyes conservaciónistas americanas.

Ver Material de Lectura: "Conservación de camélidos"

 
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